Berninches

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AlcaldeJacinto Bravo Martínez
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HISTORIA: 

BERNINCHES, la primera mención escrita al mismo data del 4 de noviembre de 1187, aunque existen otras referencias que hacen suponer se tratara ya de una alquería árabe, y en ella el papa Gregorio VIII promulga la segunda Bula de confirmación de la Orden de Calatrava, incluyendo entre sus nuevas posesiones Zorita de los Canes, Almoguera, Vállaga, Almonacid de Zorita, Pangía, Auñón, Hueva, la mitad de Moratilla de los Meleros, Cogolludo, La Mierla, la heredad en Molina de Aragón y El Collado de Berninches. Posteriormente, en 1189, Raimundo, abad del monasterio de Monsalud de Córcoles, vende por “onze moros” los derechos sobre El Collado y Berninches a la Orden de Calatrava, cuyo maestre era por entonces Nuño Pérez de Quiñones, cuarto maestre desde la fundación de la Orden. Juan Catalina, a través de sus “Aumentos” relativos a Córcoles, ya señala la disputa entre la Orden y el convento cisterciense por la posesión de la “grangia de Barninches”, a la que se da fin merced a una concordia.

A 27 de noviembre de 1218, vuelve a aparecer citado El Collado como “enfermería”, otorgando el rey Fernando III de Castilla el derecho a la Orden de extraer de las salinas de Medinaceli 12 cahíces de sal con carácter anual para abastecerla; concesión que refrenda a 9 de octubre de 1255 Alfonso X de Castilla a favor de la Orden.

El 11 de julio de 1322 el maestre frey García López otorga el “uso del horno en Verninches al conçejo por un censo de 225 maravedíes”. Con fecha 8 de agosto de 1353, el maestre o clavero de Calatrava, frey Juan Núñez, sentencia en la disputa entre los lugares (nominación para los enclaves que aún no disfrutaban el título de villa) de Auñón y Berninches sobre la comunidad de pastos, hierbas y aguas para ambos ganados desde octubre hasta finales de marzo. Otorga al concejo de Auñón la dehesa de Mengalagasca y a Berninches la de San Cristóbal (actualmente paraje de El Santo), mientras que la de Villafranca (lugar donde se asienta actualmente la ermita del Madroñal) queda en exclusiva para Auñón, pues se hace constar que este concejo la compró a los monjes de Monsalud. La sentencia permite a los de Berninches sacar esparto para el laboreo, pero sólo el extraíble a “carga de hombre”, pues de servirse de caballerías para su acarreo, habrían de pagar un canon.

A finales del siglo XIV, el 20 de diciembre de 1385, el rey Juan I de Castilla manda una misiva a Ferrant García de Céspedes, comendador de Zorita (a cuyo partido estaba adscrito Berninches), ordenándole que libere a unos “ommes buenos del Común y adeganias de Çorita y encomienda del Collado”, a quienes prendió dos meses atrás por no pagar unos tributos de dudosa legalidad. Ante estos hechos se pidió al rey por parte del pueblo justicia sobre el agravio cometido contra sus vecinos, encarcelados y privados de sus bienes, testificando varios vecinos en su favor, hasta el punto de mostrar la certeza de que hubieran sido muertos por los hombres del comendador de no haber hallado refugio en un cerro. El rey libera finalmente a los vecinos del pago de estos impuestos indebidos y emplaza del mismo modo al comendador a personarse en los tribunales regios con el fin de que recibiera el castigo inherente al abuso.

El 8 de noviembre de 1391 el concejo es llamado a la campana tañida de la iglesia de Santa María de Berninches. Allí se junta el pleno, con sus oficiales, el comendador de El Collado, Juan de Caamaño, y cuatro vecinos supervivientes de La Golosa, pueblecito cercano. Se da lectura a un documento por el cual los últimos cuatro vecinos de este enclave oficializan la integración de sus familias y término en el de Berninches, bajo el permiso del comendador de la Orden. La tradición oral equivoca el modo en que llegaron, pues atribuye que primero fueron a pedir ayuntamiento con Alhóndiga y, en realidad, lo solicitaron con Auñón, resultando que este concejo no tuvo a bien la anexión. Ésta premisa, era una de las principales exigencias del maestre calatravo en el momento en que los últimos habitantes de La Golosa decidieron ajuntarse con otra población y solicitar permiso de ello a su “señor”. Alhóndiga pertenecía por entonces a la Orden de Santiago, y es evidente que el clavero de Calatrava no quería perder tierras y vasallos para otorgárselos a una encomienda “rival”, de ahí que impusiera a los vecinos prófugos que la adscripción debiera de efectuarse sobre lugares de su maestrazgo, próximos al enclave. Esto es, Auñón o Berninches.

En enero de 1392, apenas tres meses después de la anexión, figura un pleito abierto de unos cuantos vecinos de Alfondega (Alhóndiga) contra el concejo de Berninches, denunciando los pechos que les corresponden pagar en ambos lugares. Los firmantes de este documento, son en su mayoría antiguos vecinos de La Golosa o sus parientes, lo que da a colegir que no fueron tratados a su gusto en Berninches y mudaron residencia. Puede que esta intromisión del lugar de Alhóndiga en el triángulo La Golosa-Auñón-Berninches sea el motivo por el que la tradición oral cambió la realidad soportada documentalmente sobre la elección de hacer de huéspedes con los últimos vecinos de La Golosa. De una forma u otra, el 6 de agosto del siguiente año se dirime en el mismo despoblado ya de La Golosa el litigio por los tributos denunciados, quedando que los vecinos de Alhóndiga que tuvieran tierras en Berninches pagaran a razón de ellas, pudiendo dar pasto y agua a su ganado hallándose en labor por dichas tierras, además de servirse de leña en los montes del lugar aquél que tomase casa en Berninches.

Cuatro días después de esta sentencia el Arzobispo de Toledo, Pedro Carrillo, declara adegaña a Santa María de Berninches (la primera iglesia del pueblo, no la actual) la iglesia de Santa María de la Golosa, arrendando por separado las rentas de los diezmos de ambos sitios. Hacia 1397 el capítulo general de la Orden, reunido en Calatrava, dispone el establecimiento de un priorato en El Collado.

Metidos ya en el siglo XV, el 8 de abril de 1405, aparece una ejecutoria definitiva dada en la Real Chancillería de Valladolid en el pleito seguido entre Berninches y Auñón por la encomienda de El Collado, junto a los del común de Zorita, contra el maestre de la Orden de Calatrava sobre la inconveniencia de que éste modificara los tributos, que se reedifiquen molinos y no se impida moler bajo diferentes penas. Esta sentencia ya aparece confirmada en otras ocasiones, lo que indica su incumplimiento por parte del maestre, y viene a demostrar la fuerza que la unión en pos de causas más o menos justas podía ofrecer frente al señor feudal en cuestión. El 6 de septiembre de 1434, figura la revocación de un privilegio que el maestre otorgó a los pueblos de Auñón y Berninches, y el 14 de abril de 1450 se produce un hecho capital en la historia del pueblo: el concejo de Berninches, reunido en el portal de la iglesia de Santa María, acepta la cesión que el por entonces comendador Luis de Contreras hace de las heredades del Collado, La Golosa y Berninches, bajo permiso de su maestre Pedro Girón. El pueblo entra en una nueva dimensión, un paso previo a su constitución posterior como villa. La nueva reorganización de las mesas maestrales en torno a la Corona, que fagocitan gran parte de sus funciones, así como la inutilidad de que los señores mantengan amplios territorios dentro de otro ordenamiento económico, social y militar, facilitan este tipo de concesiones o censos enfiteúticos. En el caso de Berninches, el canon a pagar ante dicho beneficio por el concejo se establece en dejar al comendador veinte pasos de posesión alrededor de la mansión señorial en El Collado, así como dos diezmos sobre el grano, uva, cáñamo y aceite, y un diezmo en la paja, miel, cera, frutas, hortalizas, ánsares, puercos y otras especies, datos que corroboran la singular actividad que el despoblado de El Collado mantenía por aquél entonces.