Cifuentes

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AlcaldeJosé Luis Tenorio Pasamón
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HISTORIA:

CIFUENTES, sus tierras son ricas en manantiales y fértiles vegas, densos bosques madereros y variada avifauna, lo que hizo que estuviesen pobladas desde tiempo inmemorial. Los restos arqueológicos descubiertos en el término, permiten fijar los primeros asentamientos en el período Calcolítico. Por razones, posiblemente, defensivas y cinegéticas se localizan en las mesetas y los cerros continuados del Valle que forma el Río Cifuentes (Cuestas del Val de San García, Cerros de la Dehesa, Carrasalinera, etcétera).

Más tarde, hay indicios de un poblado celtibérico en el paraje de los “Rochos”, en la margen derecha del Río Cifuentes; de una curiosa necrópolis, tallada en la roca y lamentablemente expoliada, con enterramientos antropomórficos cerca de Sotoca de Tajo; y restos de castros, ruedas de molino, tumbas y un campo de urnas en Ruguilla.

Es a partir del Siglo II a.n.e., cuando los ejércitos romanos inician la conquista de la Península Ibérica, denominándola, a partir de entonces, Hispania y dividiéndola en cinco grandes provincias administrativas. El valle de Cifuentes queda ubicado en el extremo septentrional de la provincia Cartaginensis, limitando con Lusitania al Oeste y con Tarraconensis al Noreste.

La presencia romana en Cifuentes viene determinada por la existencia de los restos de las calzadas de las vías secundarias romanas que unían Segontia (Sigüenza) con Segóbriga (Cuenca) y Segontia con Valeria (Cuenca); la aparición de un Miliario en Gárgoles de Arriba y los restos del Puente de Murel en Carrascosa de Tajo, hoy ya destruidos; un estrecho puente sobre el Río Cifuentes en Gárgoles de Abajo; una curiosa “estela” en Carrascosa de Tajo y, con más claridad, por los restos de una Villa Romana Imperial, según los estudios, ocupada desde el Siglo II al V d.n.e., y localizada también en Gárgoles de Arriba.

En el Siglo V d.n.e., vándalos, suevos y alanos entran en Hispania aprovechando el desmembramiento y debilidad del Imperio Romano de Occidente y son, precisamente los alanos, los que se instalan en las provincias romanas de Cartaginensis y Lusitania. Rávena, la nueva capital imperial romana de Occidente, solicita ayuda a sus aliados godos que invaden la Galia e Hispania, expulsando a los alanos al Norte de África e instalando su primera capital en Toulouse (Francia). Posteriormente, otra tribu bárbara, los francos procedentes del Norte de Europa, invaden el territorio visigodo de las Galias. Unos doscientos mil visigodos se refugian en la Península trasladando la capitalidad a Toletum (Toledo), estableciendo una monarquía electa entre las familias nobles, el código jurídico conocido como “Lex Visigothorum” (o Breviario de Alarico, promulgado en el año 506 d.n.e.), la división administrativa del estado en provincias o “diócesis”, y el cristianismo de culto arriano – secta herética que sería practicada en la península hasta que, Alfonso VI, impusiera el rito católico romano en el Reino de Castilla en el Siglo XI.

Durante este período, nuestro valle estuvo bastante despoblado a pesar de la excelente comunicación que, a través del río Tajo, se podía mantener con la capital del reino. Aún así existe una necrópolis visigoda y los restos de un asentamiento permanente del Siglo VII d.n.e. en la localidad de Gualda, en un paraje conocido como “El Tesoro”. El territorio de Cifuentes quedó enclavado, entonces, en la Diócesis de Segontia (Sigüenza).

En el 711 d.n.e. las tropas beréberes al mando del esclavo liberto Tariq y del gobernador de la provincia de Ifriquiyya (la actual Tunicia y parte oriental de Argelia), Muça Ibn Nusayr, entran en la península en ayuda del Conde de Melilla y los partidarios del legítimo rey visigodo Witiza, en su lucha contra Don Rodrigo, uno de los “dux” o condes de la nobleza goda que pretendían la sucesión en el trono de Toledo. Rápidamente conquistan Sevilla, Badajoz y Toledo, ascendiendo por el curso del Tajo, hacia Zaragoza y Navarra, bien a través de la guerra, bien a través de acuerdos amistosos con el “dux” del lugar.

Comienza así, en Cifuentes, un período de 374 años de dominación musulmana en el que desaparece la Diócesis visigoda de Segontia, pasando el Valle de Cifuentes a depender de Bagdad, Damasco y, finalmente, del Emirato omeya de Córdoba. Es, entonces, cuando se repuebla el Valle del Cifuentes convirtiéndose la mayoría de sus habitantes al Islam.

Existe constancia de la existencia de una alcazaba y su albácar en el lugar que ocupa el Castillo del Infante Don Juan Manuel, restos de casas-cueva árabes en los alrededores de Ruguilla y términos toponómicos como el “Cerro de la Mora” en Gárgoles de Abajo, el “Pico de la Atalaya” en Solanillos del Extremo y las “Peñas Alcalatén” o Tetas de Viana, que han perdurado hasta nuestros días y otros, más generales, como “Wadi al-Hayyara”, Río Entrepeñas, para designar al Río Tajo, o “al-Qarriat”, el altiplano, para denominar a La Alcarria.

Tras veintidós años de fitna, (ruptura o guerra civil) cae en 1.031, en Córdoba, la dinastía omeya. Todas las grandes familias árabes, beréberes o muladíes, quisieron hacerse con las riendas de al-Andalus, surgiendo por todas partes sultanes de taifas, ”muluk al-Tawaïf”, que se erigieron en dueños y señores de las principales plazas. El valle de Cifuentes queda entonces bajo la jurisdicción de la familia Banu Dil-nun, gobernadores de la Taifa de Toledo, Tulaytula.

Esta división territorial provoca enfrentamientos entre Taifas y luchas internas de poder, que debilitaron la estructura política, económica y, sobre todo, militar de al-Andalus. Esta situación es aprovechada por los reinos cristianos de Castilla y León que, de la mano de Fernando I, el Cid y Alfonso VI, consiguen avanzar la frontera desde el Duero hasta el Tajo, sin hallar apenas resistencia. En el año 1.085, Alfonso VI avanza, desde Brihuega, hasta Toledo destronando a Yahya ben Ismaïl ben Yahya “al-Qadir”. A cambio, el rey castellano le promete ayuda militar para conseguir la Taifa de Valencia, en la que gobernaría hasta que el Cid la conquistase en el año 1.094.

Cifuentes es, entonces, incorporada a Extremadura, región que abarcaba desde Soria hasta Medellín, como aldea dependiente del “Común de Villa y Tierra de Atienza”, rigiéndose por sus Fueros ya que, con anterioridad, poseía el título de villazgo, adquiriendo un rápido y creciente desarrollo. De esta forma, al concluir el Siglo XII, el Obispo de Sigüenza, cuando procedió a reorganizar su Diócesis, hizo de nuestra Villa cabeza del arciprestazgo con Val de San García, Sotoca de Tajo, Trillo, Durón, etc. y treinta aldeas más.
A pesar de contar con una importante población muladí y mozárabe, el valle es repoblado por castellanos, vascones, francos, cántabros y, tras la llegada de Don Juan Manuel, de judíos.

Desde mediados del Siglo XIII, y en apenas ochenta años, la historia de la Villa cambiará totalmente su curso.
De vital importancia política fue la segregación de la misma del “Común de Villa y Tierra de Atienza” por mandato de Alfonso X hacia 1.253 para ser dada en señorío a Doña Mayor Guillén de Guzmán en 1.260 (con la que Alfonso X “el Sabio” tuvo una hija anterior a su matrimonio de estado, Doña Beatriz de Guzmán, que reinaría en Portugal y será la heredera de ésta, Doña Blanca de Portugal, quien se lo venda a Don Juan Manuel en 1.317).

En el terreno económico, la concesión a la Villa de la Feria de San Blas y la Feria de San Simón y San Judas; la aparición del Mercado, tras el reconocimiento jurídico del Honrado Concejo de la Mesta, también por Alfonso X; y la exención de diez años de impuestos, promulgada por Don Juan Manuel, a las personas que habitaran el señorío – medida que provocó una fuerte afluencia de comerciantes judíos a Cifuentes – garantizarían la autonomía del territorio.

Esta estabilidad territorial y económica traería consigo la edificación de la Iglesia de “El Salvador” a finales del Siglo XIII, de las puertas y paños de la muralla a principios del XIV y del Castillo en Abril de 1.324 por el Infante Don Juan Manuel “el turbulento”.

Un siglo más tarde, la Villa recibe el empuje fundamental y definitivo al ser erigido Cifuentes como condado por Enrique IV en 1.431 a favor de Don Juan de Silva, alférez mayor de Juan II, de origen portugués y emparentado con Don Pedro Tenorio, Cardenal primado de Toledo durante los últimos años del Siglo XIV.
Durante los Siglos XV al XVII con los sucesivos Condes de Cifuentes, desde Juan de Silva hasta Don Fernando Silva Meneses, la Villa llega a su máximo esplendor conociendo siglos de pujanza del que son reflejo la arquitectura cifontina y la gran influencia de sus Señores en la Corte.

En el Siglo XVIII, la Guerra de Sucesión tuvo consecuencias negativas para Cifuentes. Los Borbones, acabada la contienda mandaron destruir y quemar el Palacio cifontino de los Condes, desposeyéndoles de sus títulos y bienes, y salaron los campos aledaños a la villa, al haber tomado partido por el pretendiente de los hagsburgo, el Archiduque Carlos III de Austria. A pesar de las circunstancias adversas, en este siglo, el desarrollo económico se mantiene y la actividad artesanal es aún elevada, según se demuestra en el Catastro del Marqués de la Ensenada.

Llegado el Siglo XIX asistimos a una decadencia general en todo el país. Cifuentes se ve afectada directamente por la Guerra de Independencia, con las escaramuzas que desde nuestro Castillo, mantenía “El Empecinado” contra las tropas francesas dirigidas por el general Joseph Leopold Hugo.

Durante la Primera Guerra Carlista (1.833 – 1.840), los cifontinos, partidarios de la regencia liberal de la Reina María Cristina, vieron como los carlistas tomaron el Castillo de la Villa tras una violenta batalla, camino del asalto definitivo a Madrid que, finalmente, frenó el General Espartero.

Simultáneamente, la abolición de la Inquisición en 1.834, por decreto de la Reina regente María Cristina de Borbón-Nápoles, y las leyes de desamortización promulgadas por los ministros Calatrava y Mendizábal, en 1.835 y 1.836, llevaron consigo el cierre y posterior ruina de los Conventos de San Francisco y Santo Domingo.

Ya en 1.898, tras la pérdida de las últimas colonias ultramarinas, España se ve afectada por una depresión colectiva que se agrava con el estallido de la Guerra del Rif, en Marruecos.

Bajo esta tendencia negativa, Cifuentes entra en el Siglo XX padeciendo, de nuevo, devastación y ruina durante la Guerra Civil (1.936 -1.939). La aviación alemana acudió en ayuda de las tropas rebeldes al gobierno de la II República bombardeando, sistemáticamente y hasta en veintidós ocasiones, los lugares donde se escondía la población destruyendo, parcial o totalmente: La Cueva del Beato, el Convento de Santo Domingo y su Iglesia, la Iglesia de “El Salvador” y su barbacana, el Hospital del Remedio, el Convento de las Monjas y, una vez más, el Castillo del Infante Don Juan Manuel. Mientras tanto, las tropas italianas avanzaban por tierra desde Brihuega, donde se desarrolló una de las más feroces batallas previas al asalto definitivo a Madrid, y los nacionales desde Alaminos y Las Inviernas, chocando frontalmente con la resistencia cifontina que se había atrincherado en el Alto de La Tajera. De hecho, consta documentalmente que las milicias leales al gobierno democrático depusieron sus armas en Carrascosa de Tajo, el 28 de Marzo de 1.939. Tan sólo tres días antes del final oficial de la innecesaria guerra fraticida.

Durante la postguerra, con el consiguiente período de represión y hambruna, la población se ve obligada a utilizar las piedras de los paños de muralla que aún quedaban en pie para reconstruir sus viviendas. El Convento dominico de Santo Domingo se rehabilita como presidio y los vecinos, que habían apoyado al gobierno de la República durante la contienda, se ven obligados a huir de la comarca, o bien se refugian en la espesura y escarpadas montañas de la Sierra del Ducado y el Alto Tajo actuando, esporádicamente, como Maquis y estando documentada su actividad hasta bien entrado el año 1.958. La comarca se refugia entonces, a partir de los años 40, en actividades agrícolas, apícolas y ganaderas de subsistencia, sin que se produzca el desarrollo económico e industrial necesario, manteniéndose Cifuentes como único centro de atracción comercial y educativa de la zona.

Ya en la década de los 60, el fuerte flujo migratorio hacia las zonas urbanas e industriales del país como el País Vasco, Guadalajara capital, el Corredor del Henares o Madrid acentúa, aún más, su decadencia.
Desde los años 80 hasta nuestros días, la construcción y puesta en funcionamiento de la cercana Central Nuclear de Trillo I, genera un movimiento que, junto a los fondos de ayuda al desarrollo rural de la Comunidad Europea y al creciente empuje del turismo interior de calidad, pone en marcha un crecimiento sostenido de la Villa y la consiguiente dinamización del territorio y su entorno.

INFORMACIÓN TURÍSTICA RELEVANTE:
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