Pioz

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AlcaldeRicardo García López
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HISTORIA:

PIOZ, como sucede con otras muchas localidades que en su día formaron parte del territorio de Taifa de Toledo su origen se encuentra envuelto en las brumas de la historia. No obstante, en el llamado “Índice de Guadalajara”, relación publicada en el año 1750 d.C., la conquista de Guadalajara y sus territorios anejos se atribuye a un capitán de las mesnadas castellanas del rey Alfonso VI, don Alvar (Añez) Fáñez Minaya según se desprende del texto siguiente :

“.. el dho. Alvar Añez siendo capitán del Rey D. Fernando el primero de este nombre que por sobre nombre se llamo el Grande, crio aquel Caballero Alvar Añez, y á su tio el Cid Ruy Diaz, y en el año 1.057, ganó a Guadalajara, y la saco del poder de los moros, siendo Sumo Pontifice en Roma Stephano nono de este nombre ..”

La organización administrativa de los territorios conquistados se realiza a partir de la creación de los denominados Comunes o Comunidades de Villa y Tierra, quedando Pioz englobada en la Comunidad de Villa y Tierra de Guadalajara, entidad que llegó a contar con cerca de 50 núcleos de población divididos en dos sexmos, el “de el Campo” y el “de la Alcarria”, separados por el río Henares, que quedaban bajo el dominio directo del monarca al serle concedido por el monarca Alfonso VII de Castilla, alrededor del año 1140 d.C., el llamado “Fuero Viejo de Castilla”.

Fue bajo el reinado de Fernando III de Castilla cuando le es otorgado el conocido como “Fuero de Guadalajara”, dado en Toledo el 26 de mayo de 1219 d.C., más extenso que el anterior pero con menores privilegios fiscales.

La benéfica influencia del amparo regio provoca que a principios del siglo XIV d.C. la Comunidad alcance su máximo esplendor al englobar sesenta y una aldeas que se distribuían en seis sexmos cuyas “cabezas” eran Bujés y Málaga del Fresno en el antiguo “de el Campo”, situados en la orilla derecha del rio Henares y Albolleque, Lupiana, Renera y Valdeavellano en el “de la Alcarria”, en la orilla izquierda.

Esta privilegiada dependencia se ve interrumpida en noviembre del año en 1420 d.C. cuando el rey Juan II de Castilla desgaja de la Comunidad esta villa al incluirla entre las habían de formar parte de la dote que entrega a su hermana la Infanta Catalina de Castilla en su matrimonio con el Infante Enrique de Trastamara, tercer hijo de Fernando I de Antequera, rey de Aragón

No obstante lo anterior existe una segunda versión que señala que la entrega de la villa no tuvo lugar en esa fecha sino en el mes de marzo del año 1428 d.C., cuando el Infante Enrique en virtud de la herencia que le correspondía a su esposa la Infanta Catalina por parte de su padre el rey Enrique III, reclama y recibe las villas de Trujillo, Alcaraz y Andújar y las aldeas de Aranzueque, Armuña de Tajuña, Fuentelviejo, Retuerta, Pioz, El Pozo de Guadalajara, Yélamos de Arriba, Yélamos de Abajo, Balconete, Yunquera, Serracines y Daganzo del Común de Guadalajara.

En cualquiera de los anteriores supuestos, más probable el segundo, el Infante Enrique alcanza en ese momento un poder territorial en Castilla que le permite iniciar, junto a diversos nobles, una nueva revuelta contra el rey Juan II.

Concluidas las luchas nobiliarias con la muerte del Infante Enrique a consecuencia de las heridas sufridas en una de sus manos en mayo de 1445 d.C., en el transcurso de la batalla de Olmedo, el rey Juan II reparte las posesiones confiscadas entre los nobles que se habían aliado con él, como premio por su apoyo y fidelidad, correspondiendo el lote formado por los lugares de Armuña, Pioz, Meco, Retuerta, Yélamos de Suso, Yélamos de Ayuso, Miralcampo, Aranzueque, El Pozo, Yunquera y Balconete, a don Íñigo López de Mendoza, nombrado el 2 de agosto de 1445 d.C., marqués de Santillana, título utilizado por vez primera en el reino de Castilla, a pesar de haber sido aliado del Infante Enrique tanto en el golpe de Tordesillas como en el cerco del castillo de la Puebla de Montalbán, en diciembre de 1420 d.C.

Recluido en su palacio de Guadalajara tras la muerte de su esposa, doña Catalina de Figueroa, dicta testamento el día 8 de mayo de 1455 d.C. instituyendo como heredero de los lugares de Pioz y el Pozo de Guadalajara a su hijo don Pedro González de Mendoza, en aquellas fechas Obispo de Sigüenza, quien llegaría a ser posteriormente Arzobispo de Toledo y Cardenal de Santa María in Dominica, por lo que pasaría a la posteridad como el Cardenal Mendoza, quien fue denominado por el Papa Sixto IV como el “tercer rey” en tiempos de los Reyes Católicos.

Y fue este interesante personaje de finales del siglo XV d.C. a quien debe la pequeña localidad de Pioz su más importante “tesoro”, El castillo de Pioz.

EL CASTILLO DE PIOZ :

Iniciada su construcción alrededor del año 1460 d.C. la cual, según diversos estudios, fue encargada al arquitecto Lorenzo Vázquez, persona al servicio de la poderosa Casa de Mendoza para quienes había dirigido anteriormente otros encargos y cuyas obras reflejan una fuerte influencia de las corrientes artísticas predominantes en ese periodo en la península itálica, que en este caso son muy evidentes al ser su traza muy semejante al del Castello de la Rocca Pía de Tivoli, localidad del Lacio, ordenado levantar a los arquitectos Nicolás y Varrón por el Sumo Pontífice Pio II, Francesco Todeschini Piccolomini, en el año 1461 d.C.

El proyecto trataba de aunar en un mismo edificio un recinto defensivo, seguro en caso de ataque, y una residencia palaciega, digna de su promotor.